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miércoles, 7 de abril de 2010

Donde No LloRan al MueRTo - VaRaNaSi

Lo reconozco, he batido mi propio record, llevo la friolera de un mes sin actualizar el blog! pero esta vez tengo una causa justificada, por fín llegó la esperada visita de la familia! y la verdad es que no hemos parado de un lado a otro.La visita llegó y también terminó, fué hace sólo dos días cuando marcharon de vuelta a España. A todos os echaré muchísimo de menos, y es que estos días se han pasado volando, como todo lo bueno en esta vida.

El fin de semana del 27 y 28 de marzo fuí con mis padres y tios a Varanasi, ciudad por la que pasa el río Ganges, y una de las siete ciudades sagradas del hinduísmo. Dicen que el primer contacto con esta ciudad para una persona que no esté familiarizada con el hinduísmo puede ser un shock muy importante, y yo, ni corta ni perezosa, ¡me he llevado a la familia a esta ciudad santa al día y medio de llegar a la India!



Vista de Varanasi



Todos los hinduístas deben visitar Varanasi al menos una vez en su vida, y por eso hoy en día es un gran centro de peregrinación. Muchos hinduístas vienen a Varanasi a morir, y pasan sus días de agonía en esta ciudad, porque según el hinduísmo, si las cenizas de los difuntos se vierten en el río Ganges se rompe el ciclo de reencarnaciones. Como podreis imaginar, esto significa que en Varanasi se pueden ver contínuas cremaciones de difuntos (unas 40 de media al día), y posteriormente las cenizas se lanzan al río. No obstante, hay cinco tipos de persona que no se queman, y que se lanzan al río tal cual al morir, generalmente con piedras atadas para que se mantengan en el fondo (aunque a veces no son muy efectivas...) estas son: las mujeres embarazadas, los niños, los fallecidos por mordedura de cobra, los leprosos y los hombres santos.





Uno de los crematorios de Varanasi en acción

El camino desde el aeropuerto hasta el hotel en taxi ya fué toda una odisea, (corrijo, coche cochambroso de hace 20 años, sin cinturones de seguridad, en muchos casos sin velocímetro, pero eso si, imprescindible el claxon con sonido mega potente de feriante). El tráfico era mucho peor que en Delhi, un gran caos, los guardias de tráfico parecían marionetas mareadas, muchos incluso se apartaban de la carretera desanimados, y los papas y los tios, como no, alucinaban ante semejante espectáculo.

Una calle de Varanasi

Al fin parecía que habíamos llegado a nuestro destino, ¡pero era una falsa alarma! porque luego tuvimos que andar unos 15 minutos hasta el hotel, atravesando calles de un metro de anchura, llenas de basura, gente, animales, olores... en este momento, alguno que otro tubo que cubrirse con la mano las vias respiratorias porque no aguantaba tanza mezcla de... digamos, "sensaciones". :) Para los que estamos acostumbrados aquello no era nada nuevo, de momento.


Llegamos al hotel y no nos gustó mucho asi que a 41ºC mi padre y yo fuimos a buscar otro hotel al lado de los Ghats, que son las escaleritas que bajan al río Ganges, donde se hacen las pujas y donde los locales bajan a bañarse y a lavar ropa. Al fin lo encontramos y realizamos el traslado. Después fuimos a comer a un restaurante indio donde nos sirvieron las cervezas en termos de agua, ya que Varanasi es una de las 7 ciudades santas de India y no se permite la venta de alcohol. Tras la comida decidimos dar un pase por la ciudad, paseo que se convirtió en la caza de la mascarilla para alguno!! que por cierto, una hora mas tarde logramos encontrar. :) Llegamos hasta la punta oeste de los Gaths, y unos muchachos muy simpáticos nos ofrecieron dar un paseo en su barca para ver los crematorios y el atardecer desde el río. Como me habían recomendado hacer este paseo en barca dos veces (al atardecer y al amanecer), no lo dudamos y nos fuimos con ellos.



Es impresionante ver los crematorios desde el Ganges, los hombres cargan con el fallecido a hombros hasta el crematorio, envuelto en unas mantas o telas, y lo dejan en la arena mientras preparan la hoguera donde posteriormente se va a quemar. Las mujeres fallecidas siempre van envueltas en mantas de color naranja, y los hombres en tonos beiges. A la cremación, según nos contaron algunos aldeanos, sólo pueden asistir los hombres de la familia, mientras que las mujeres se quedan en casa porque no está permitido llorar en los crematorios. Antiguamente obligaban a las viudas a quemarse junto con el cuerpo de sus difuntos maridos cuando estos fallecían, ahora, como se les permite casarse de nuevo, esto ya no sucede. Cuando la hoguera está preparada, la tradición es dar cinco vueltas alrededor del fallecido y luego se prende. Es muy impresionante ver todo esto, porque como os podreis imaginar se pueden ver las extremidades de los cadáveres calcinadas, y los cráneos se distinguén perfectamente también. A todo esto hay que sumarle el fuerte olor a crematorio que hay y una temperatura de 40ºC. No obstante, impresionante en el buen sentido, porque lo que sucede en Varanasi es para verlo y para sentirlo, porque por mucho que cuente yo aquí no tiene nada que ver con tener todo esto ante los ojos.


Llama también muchísimo la atención, que a tan sólo unos metros de los crematorios jóvenes y niños se bañan y juegan en el Ganges, mientras que los más ancianos rezan y realizan rituales sumergidos en sus aguas. Todos mezclados, niños y ancianos, jóvenes y adultos, hombres y mujeres, cada uno atento a su juego, a su baño, a su rezo o ritual, sin importar lo que hagan los de su alrededor.



Cuando cae el sol, a eso de las 6 de la tarde, se celebran todos los días pujas en el Ghat principal, que es un ritual de ofrendas y veneraciones al río Ganges. Todo el paisaje se inunda de luz, llamas, velas que se ponen en cuenquecitos y flotan en el río, inciensos, cantos.... un momento mágico, aunque demasiado multitudinario. A nosotros se nos acercó un muchacho indio de unos 17 años, muy simpático el, preguntando por nuestro país y explicándonos cosas sobre varanasi, al final un poco pesado (estuvo al menos dos horas con nosotros siguiendonos a todos lados), y resulta(que "sorpresa"), que al final quería que fuésemos a ver la tienda de su padre.



Agotados nos fuimos a dormir, ya que a la mañana siguiente habíamos quedado con los chicos de la barca de la tarde anterior a las 5:30 de la madrugada, para dar el paseo de rigor para ver el amanecer en Varanasi. Personalmente este paseo me gustó mucho más que el de la tarde anterior. Además de la salida del sol junto al Ganges, que ya es muy bonito, lo que más me gustó fué ver la vida, y digo VIDA, que tiene esta ciudad, y a estas horas de la madrugada. Los gaths estaban LLENOS de gente, por todos lados, llenos, como si fuesen las 12 del medio día, ¡pero solo eran las 6 de la mañana! Había indios lavandose en el Ganges con jabones, mujeres haciendo la colada, hombres lavando las sábanas de los hoteles, que luego tendían a secar en las escalinatas, mas cremaciones (las cremaciones son contínuas, 24 horas al día), gente lavándose los dientes subiendo y bajando las escaleras, mas niños y jóvenes chapoteando y jugando con la pelota en el río... de verdad, esto si que fué un momento para no olvidar, y eso que yo pensaba que después de 6 meses en la India ya nada me sorprendería tanto como al principio, pues estaba confundida, porque desde luego Varanasi lo ha conseguido.



Después del paseo fuimos a desayunar, y después, mientras dabamos un paseo para hacer tiempo hasta que llegase la hora de volver hacia el aeropuerto, nos encontramos en una calle muy muy estrechita, una casa de acogida que fundó la Madre Teresa de Calcuta. Preguntamos si podíamos pasar y nos dijeron que si. Dentro nos recibió una hermana, y nos enseño todo el recinto. SOBRECOGEDOR lo que vimos. Había una zona para mujeres y otra para hombres, gente sin ningún tipo de recurso, con limitaciones físicas o mentales que recogían cada día. Algunos llevaban ahí años, otros habían llegado el día anterior. Todos ellos esbozaban grandes sonrisas al vernos, madre mía, que sonrisas, con NADA que tienen, el mundo es muy injusto con algunas personas. ¿Por qué unos tanto y otros NADA? ¿Con que derecho unos si, y otros no? No puedo olvidar a los enfermos besando los pies de la hermana agradeciendo todo lo que estaban haciendo por ellos. Mas de uno nos emocionamos, y es que no es para menos.

unos pequeños ángeles
Creo que de los que estuvimos en esta ciudad (papá, mamá, tía, tío), a ninguno nos ha dejado indiferente. Y a todos vosotros: hay que visitar Varanasi, al menos una vez en la vida.