Todos los hinduístas deben visitar Varanasi al menos una vez en su vida, y por eso hoy en día es un gran centro de peregrinación. Muchos hinduístas vienen a Varanasi a morir, y pasan sus días de agonía en esta ciudad, porque según el hinduísmo, si las cenizas de los difuntos se vierten en el río Ganges se rompe el ciclo de reencarnaciones. Como podreis imaginar, esto significa que en Varanasi se pueden ver contínuas cremaciones de difuntos (unas 40 de media al día), y posteriormente las cenizas se lanzan al río. No obstante, hay cinco tipos de persona que no se queman, y que se lanzan al río tal cual al morir, generalmente con piedras atadas para que se mantengan en el fondo (aunque a veces no son muy efectivas...) estas son: las mujeres embarazadas, los niños, los fallecidos por mordedura de cobra, los leprosos y los hombres santos.
El camino desde el aeropuerto hasta el hotel en taxi ya fué toda una odisea, (corrijo, coche cochambroso de hace 20 años, sin cinturones de seguridad, en muchos casos sin velocímetro, pero eso si, imprescindible el claxon con sonido mega potente de feriante). El tráfico era mucho peor que en Delhi, un gran caos, los guardias de tráfico parecían marionetas mareadas, muchos incluso se apartaban de la carretera desanimados, y los papas y los tios, como no, alucinaban ante semejante espectáculo.
Llama también muchísimo la atención, que a tan sólo unos metros de los crematorios jóvenes y niños se bañan y juegan en el Ganges, mientras que los más ancianos rezan y realizan rituales sumergidos en sus aguas. Todos mezclados, niños y ancianos, jóvenes y adultos, hombres y mujeres, cada uno atento a su juego, a su baño, a su rezo o ritual, sin importar lo que hagan los de su alrededor.
Cuando cae el sol, a eso de las 6 de la tarde, se celebran todos los días pujas en el Ghat principal, que es un ritual de ofrendas y veneraciones al río Ganges. Todo el paisaje se inunda de luz, llamas, velas que se
ponen en cuenquecitos y flotan en el río, inciensos, cantos.... un momento mágico, aunque demasiado multitudinario. A nosotros se nos acercó un muchacho indio de unos 17 años, muy simpático el, preguntando por nuestro país y explicándonos cosas sobre varanasi, al final un poco pesado (estuvo al menos dos horas con nosotros siguiendonos a todos lados), y resulta(que "sorpresa"), que al final quería que fuésemos a ver la tienda de su padre.
Después del paseo fuimos a desayunar, y después, mientras dabamos un paseo para hacer tiempo hasta que llegase la hora de volver hacia el aeropuerto, nos encontramos en una calle muy muy estrechita, una casa de acogida que fundó la Madre Teresa de Calcuta. Preguntamos si podíamos pasar y nos dijeron que si. Dentro nos recibió una hermana, y nos enseño todo el recinto. SOBRECOGEDOR lo que vimos. Había una zona para mujeres y otra para hombres, gente sin ningún tipo de recurso, con limitaciones físicas o mentales que recogían cada día. Algunos llevaban ahí años, otros habían llegado el día anterior. Todos ellos esbozaban grandes sonrisas al vernos, madre mía, que sonrisas, con NADA que tienen, el mundo es muy injusto con algunas personas. ¿Por qué unos tanto y otros NADA? ¿Con que derecho unos si, y otros no? No puedo olvidar a los enfermos besando los pies de la hermana agradeciendo todo lo que estaban haciendo por ellos. Mas de uno nos emocionamos, y es que no es para menos.